Pyscho Soldier team | KOF EX 2

     Redacción, traducción y diseño por EMIRU.

     Con información de Atlus, Gpara y KOF Universe.

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Prólogo de equipo

 

Una ráfaga de viento lleva la voz de llanto de un niño desde algún lugar de la oscuridad. Las pesadillas de Athena comenzaron el día en que llegó la invitación de The King of Fighters. Al darse cuenta de que sus sueños son una especie de premonición sobre la serie de secuestros, Athena aprieta su invitación mientras toma la decisión de participar en el torneo. ¿Podrán Athena y sus compañeros de equipo Kensou y Bao descifrar el misterio de la conexión entre el torneo y los secuestros para poder salvar a los niños desaparecidos?

 

Historia de equipo oficial

 

Ella estaba teniendo un sueño. Incluso siendo consciente de que estaba soñando, seguía sumergida en él.

En el mundo de su sueño, todo estaba cubierto por una oscuridad profunda, como si hubieran derramado tinta sobre él. Lo que dominaba esa penumbra era un viento más negro que la propia oscuridad, que se agitaba emitiendo rugidos violentos, similares a los de una bestia feroz. Ese viento, que soplaba desde las profundidades del abismo con olor a sangre, traía consigo las voces de muchos niños que gritaban y lloraban.

La joven era consciente de que aquello era un sueño, pero, aun así, el terror y la desesperación que brotaban desde lo más profundo de su pecho la hicieron despertar de golpe con un grito.

—Vaya... ¿otra vez lo mismo?

Sie Kensou y Bao caminan por un estrecho sendero en la montaña. No es un camino especialmente accidentado, pero la pendiente es bastante pronunciada, por lo que subir desde la falda de la montaña ya representa un ejercicio considerable. Los dos caminan cargando grandes bultos a sus espaldas; era el camino de regreso tras haber bajado al pueblo para comprar comida y artículos de primera necesidad.

—Siento que últimamente no hago más que ver artículos de este tipo.

—¿Qué pasa? ¿Ocurrió algo?

Bao, que cargaba con valentía una mochila enorme, miró el rostro de Kensou —quien caminaba leyendo el periódico— y preguntó. Para ellos, que pasan los días entrenando en las montañas lejos de la civilización, los periódicos que compran durante los recados son uno de los pocos medios para conocer las noticias del mundo.

Kensou golpeó la primera plana del periódico con la mano y resopló.

—Dice: «¡Niño prodigio secuestrado en Chengdú!». En serio, ¿qué demonios está pasando?

—¿Un caso de secuestro?

—Sí. Últimamente están secuestrando niños por todas partes. No solo en China, parece que están ocurriendo incidentes similares en todo el mundo. Y lo más raro es que todos los niños secuestrados tienen poderes misteriosos.

—Mmm...

—No te lo tomes como algo ajeno, Bao, tú también ten cuidado.

Kensou acarició con fuerza la cabeza de Bao, sobre la cual descansaba una gran gorra. Bao, tambaleándose un poco por el peso de la carga, se ajustó la gorra y le dijo a Kensou:

—Me alegra que te preocupes por mí, pero si es así, primero reduce un poco mi carga. Pesa mucho desde hace rato...

—¿Pero qué dices? Esto también es parte del entrenamiento, ¿no?

—¿Eeeh?

—Si no entiendes la consideración de tu hermano mayor, que quiere que ganes más fuerza, es que todavía eres un niño.

La carga de Kensou, quien comenzó a sermonear con aire de superioridad agitando el dedo, ciertamente no era poca, pero en términos relativos parecía más ligera que la de Bao. Cualquiera, y no solo Bao, pensaría que Kensou —siendo mucho más grande y mayor— debería cargar con más peso.

—Cuando yo tenía tu edad, cargaba solo bultos mucho más grandes que este y...

—No sé si creerte...

Sin importarle la mirada de duda de Bao, Kensou regresó al templo de la montaña donde entrenan, relatando con orgullo lo ejemplar que fue de niño —aunque parecía haber bastante ficción de por medio—.

En el recinto del templo, que aunque viejo estaba impecablemente limpio, Athena Asamiya —vistiendo su ropa de entrenamiento— practicaba repetidamente una forma de kenpo con movimientos lentos. Su maestro, Chin Gentsai, dormía plácidamente a la sombra de un gran melocotonero.

—¡Ah, Athena-oneechan!

—¡¿Uwaah?! ¡Oye, espera, Bao!

Al notar a Athena, Bao le encasquetó su carga a Kensou y echó a correr.

—¡Ya volvimos, oneechan!

—Vaya, bienvenidos. Buen trabajo a los dos.

Secándose las gotas de sudor, Athena recibió con una sonrisa a los dos que regresaban de las compras. Sin embargo, esa sonrisa se congeló en cuanto sus ojos se posaron en el artículo del periódico que sostenía Kensou.

Kensou notó el cambio en la expresión de Athena, dejó la carga de ambos en el suelo y preguntó:

—¿Qué pasa, Athena? Tienes mala cara.

—No, nada...

—Aunque digas que nada... no es solo hoy, has estado rara últimamente. Te quedas pensativa con expresión sombría sin que nadie sepa por qué...

—Si tienes alguna preocupación, cuéntanosla. Si te sirve de algo, yo te escucharé.

—¡Ah, oye, Bao! ¡Esa frase era mía!

Athena sonrió levemente ante la interacción entre Kensou y Bao, asintió como si hubiera tomado una decisión y les contó sobre el sueño que había tenido.

—Un viento con olor a sangre que sopla desde el más allá de la oscuridad trayendo el llanto de los niños... Ciertamente es un sueño de muy mal gusto.

Sentado sobre una de las grandes tinajas alineadas bajo el alero, Kensou gruñó pensativo.

—¿Ves eso todas las noches?

—Sí...

—¿Desde cuándo?

—...Desde que llegó esto.

Athena sacó del bolsillo de su ropa de entrenamiento un sobre doblado en dos.

—Pero si es una invitación para el KOF.

—¿Empezaste a tener esos sueños funestos todas las noches desde el día en que llegó eso?

—Así es.

—Mmm... probablemente sea un sueño premonitorio.

—¡¿Uwaah?! ¡¿Estaba aquí, maestro?!

Chin, que hasta hace un momento se suponía que estaba durmiendo la siesta, estaba de pie junto a los tres bostezando profundamente. Aunque es un anciano que ya ronda los noventa años, sigue siendo el maestro de Athena y los demás, y su fuerza es insondable.

—Abuelo, ¿a qué te refieres con eso de sueño premonitorio?

—Los poderes de Athena como síquica habrán reaccionado ante algo, y para transmitirle algún tipo de mensaje, le están mostrando ese sueño. Es como una especie de revelación.

—De cualquier forma, no parece que intente transmitir buenas noticias. ¿Tienes alguna idea de qué puede ser, Athena?

—No tengo ninguna prueba, pero...

Athena tomó el periódico que Kensou había comprado y bajó la mirada hacia el artículo sobre el secuestro de los niños. Chin, mientras se acariciaba la barba blanca, añadió:

—Niños llorando en la oscuridad... ya veo, no es imposible que Athena haya captado inconscientemente las voces de los corazones de los niños secuestrados pidiendo ayuda.

—Pero maestro, el hecho de que empezara a tener esos sueños justo cuando llegó la invitación del KOF quiere decir que...

—Puede que haya algo extraño en este torneo. Aunque bueno, no pasa de ser una suposición.

—Maestro... voy a participar.

Apretando ligeramente los labios, Athena se puso en pie con firmeza.

—Nada empezará si me quedo aquí preocupada. Quiero participar y comprobar con mis propios ojos si este KOF ha sido organizado bajo alguna voluntad maligna.

—¡E... entonces yo también voy!

—¡Y yo!

—Ya veo... así es, eso será lo mejor. No es lugar para que intervenga este viejo.

Al ver a sus discípulos crecer física y mentalmente día tras día, Chin entrecerró sus ojos bajo las cejas blancas con expresión de felicidad.

 

 

 

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