• Redacción, traducción y diseño por EMIRU.
• Con información de kofaniv.snkplaymore.co.jp y KOF Universe.
• Comparte este material utilizando los créditos correspondientes.
En el momento en que los estruendosos ruidos comenzaron a resonar en mis oídos, el color se desvaneció del paisaje circundante mientras caía en la penumbra.
En la oscuridad, la sensación de gotas frías que caían sobre mi cuerpo se prolongó durante algún tiempo. Y entonces, la sensación se detiene de golpe. Mi cuerpo se queda por completo sin fuerzas, pero todavía puedo abrir los ojos.
Recupero la vista con dificultad. Una silueta que aproxima la palma de su mano aparece ante mí. La oscuridad me traga una vez más. Mi conciencia y yo somos arrastrados de nuevo hacia las tinieblas.
No sé cuánto tiempo he estado dormido. Al igual que antes, sigo envuelto en la penumbra, pero ahora sé que estoy despierto. A veces siento como si algo me estuviera absorbiendo. En momentos imprevistos, recuerdo los rostros de viejos conocidos que no tienen nada que ver con mi situación actual.
A continuación, se escucha una voz. No puedo distinguir de quién es; me hace preguntas que no logro comprender:
«¿Eres Kyo Kusanagi? Ya tengo tus datos».
Y otra voz, que parece llamar a alguien, viaja a través de mis oídos y resuena con eco en mi cabeza:
«Krizalid... K'».
Pero prefiero ignorar lo que he oído. No tengo la más mínima intención de responder voluntariamente a ninguna pregunta.
Un cambio se produce justo cuando empiezo a preguntarme cuánto tiempo seguiré así. Escucho un latido palpitante; es un dolor punzante dentro de mí. Al mismo tiempo, una fiebre familiar me invade. Es mi sangre. La sangre comienza a correr por mis venas. La ferocidad con la que aumentan mis palpitaciones es tan intensa que me dan ganas de taparme los oídos.
En medio de esto, escucho una voz que me llama. El latido es cada vez más fuerte y lo distingo sin problemas; se mezcla con una variedad de ruidos y se transforma en un estallido, como si algo explotara. La voz que me llama es débil, pero puedo oírla con total claridad. Alguien me está llamando.
—Kyo —dice.
Junto con la voz que me llama, distingo una tenue luz en la distancia. Entrecierro los ojos, intentando descifrar qué es. Pero la luz desaparece en un instante y mi entorno se vuelve visible de golpe.
Estoy rodeado de un mar de llamas. El humo inunda el aire, pero no tengo problemas para respirar. Una alarma resuena en mis oídos. Cuando por fin soy capaz de ver y oír con claridad, me doy cuenta de que los latidos resuenan con más fuerza que las intensas explosiones que ocurren a mi alrededor, y de repente, las llamas salen disparadas por el aire.
Un hombre me corta el paso.
Kyo: —Entonces... ¡¿eres tú el que me estaba llamando?!
El hombre no intenta responder; de hecho, parece completamente paralizado por el terror. Puedo ver unas siglas en su cuello.
Kyo: —¡¿N-E-S-T-S?!
En el instante en que intento preguntarle qué significan esas siglas, la onda expansiva de una explosión nos golpea y nos lanza hacia atrás. Al recuperar el sentido, me doy cuenta de que solo ha sido un instante. El humo parece haberse disipado y noto que he salido despedido a varios metros del fuego.
Lo siguiente que escucho no es el estruendo de las explosiones, sino el crujido de unos cristales rotos. Un líquido derramado en el suelo comienza a evaporarse, envolviéndome en un calor asfixiante. Justo cuando decido que tengo que salir de aquí, algo toca mis pies.
Kyo: —¡...!
Un cadáver. Y no solo eso... es mi propio cadáver.
Y no se trata solo del que está a mis pies; toda la habitación está llena de copias mías. Mis cadáveres están esparcidos por todo el lugar. El significado del interrogatorio que sufrí en la oscuridad se vuelve evidente.
Kyo: —¡Se han estado burlando de mí...!
Libero las llamas que brotan de mis puños, pero no dejo que se extiendan de golpe; permito que el fuego vacilante arda en mis manos.
Kyo: —Mi poder...
Ya nada importa. Lo único que puedo hacer es inundar esta habitación en ruinas con todo el poder bajo mi control. A través del fuego, puedo oír con claridad una voz que me llama.
—¡Kyooooooo!
No hay necesidad de pensarlo... es su voz.
Abandono la estancia. Al salir, me golpea la onda expansiva de una explosión feroz.
Kyo: —¡NESTS... esto lo van a pagar muy caro!
Las llamas siguen ardiendo en mis puños, como si me imploraran entrar en acción.
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