• Redacción, traducción y diseño por EMIRU.
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Un campo de batalla en uno de los sitios más peligrosos del mundo. Ralf Jones, Clark Still y Leona Heidern se encuentran en medio de una misión.
Ralf: —¿Cuánto nos falta para llegar a nuestro destino?
Clark: —Treinta segundos.
Ralf: —¿Dónde está Leona? ¿Crees que será capaz de llegar al punto de reunión sin nosotros?
Clark: —Supongo. ¿Qué te preocupa?
Ralf: —Nada... Nada en absoluto.
Leona llega a su destino antes que sus compañeros. Echa un vistazo a los alrededores.
Leona: —¡...!
Ve a un joven que yace cerca de una casa derrumbada.
Leona: —¿Aún hay personas aquí?
Corre hacia él y lo levanta.
Leona: —Oye, despierta.
El niño, jadeando, abre los ojos. Al ver a Leona, el miedo se apodera de él.
Chico: —¡N-no...! ¡Por favor, no me mates!
Leona: —...
De repente, Leona pierde el contacto con la realidad. La voz del muchacho resuena en su cabeza.
(¡Por favor, no me mates... ¡no me mates!)
El tono de voz del niño cambia claramente. Leona lucha por recuperar la lucidez.
Leona: —¿Matar? ¿Quién...? ¿Matar a quién...?
Sale de su trance, pero lo que ahora ve es una escena completamente distinta a la que recuerda. Al mismo tiempo, el matiz de aquella voz cambia.
(No me... mates... Leona)
La figura de una mujer cubierta de sangre se graba en la retina de Leona.
Leona: —¡Mamá! ¡¿Por qué?!
Una sensación desagradable se manifiesta bajo sus pies. Esa sensación comienza a crecer poco a poco.
Leona: —¡Papá!
El padre de Leona se aferra a sus pies y abre la boca como si intentara decir algo.
Leona: —¡No, eso no!
De repente, alguien la sujeta por los hombros. Al mirar hacia atrás, observa a Goenitz de pie.
Goenitz: —Ahora... alivia el dolor de tu padre tal como lo hiciste con tu madre...
Leona: —No, no fui yo...
Goenitz: —Fuiste tú. Tú la mataste.
Leona: —¡N-n... ¡ah!
Leona siente la sangre que cubre sus manos.
Goenitz: —Sí, ¡así es! Mira de cerca. ¡Mira tus propias manos!
Leona mira sus manos; ambas están bañadas en sangre. Ve la figura de su padre inhalando su último aliento.
Leona: —¡Ah...! ¡Aaaah!...
Ralf y Clark llegan al punto de reunión y ven a Leona completamente inmóvil.
Ralf: —¡¿Qué crees que haces exponiéndote de esa manera?!
Clark: —¡Ralf, cuidado!
El estruendo de la artillería comienza a escucharse a sus espaldas.
Ralf: —¡Maldición! ¡Sal de ahí, Leona!
Leona permanece inmóvil mientras Ralf y Clark se dirigen a toda prisa hacia ella.
Ralf: —¡Sal de ahí, Leona! ¡Leona!
De repente, Leona vuelve en sí. La visión del campo de batalla parpadea ante sus ojos y el estruendo de la artillería se aproxima.
Leona: —¡...!
Ralf: —¡Leona!
Leona ve a Ralf corriendo hacia ella. Una vez más, su mente se queda en blanco mientras el estruendo de las explosiones resuena en su cabeza...
Oficina de Heidern. El comandante contempla el exterior a través de la ventana mientras Ralf rinde su informe. Sus manos están envueltas en vendas.
Heidern: —Y bien, ¿qué tienes que decirme?
Ralf: —Quiero que me diga exactamente qué va a pasar debido al fracaso de nuestra misión.
Heidern se da la vuelta para quedar frente a Ralf.
Heidern: —¿El fracaso de su misión? Es cierto que hubo un percance, pero el objetivo se cumplió.
Ralf: —No, eso solo fue fruto de nuestros esfuerzos, pero la realidad es que fracasamos: no pudimos salvar a los sobrevivientes. Fallamos como profesionales.
Heidern: —Eres demasiado duro contigo mismo. Los cuerpos de los supervivientes de los que hablas siguen sin aparecer; nuestras investigaciones no revelaron ningún cadáver. Leona fue la única que confirmó la presencia de un sobreviviente en ese instante, y tratándose de ella, eso es todo lo que tenemos, ¿no? Entonces, ¿qué más quieres?
Ralf: —Por el momento, solicito que se me retire del servicio activo.
Heidern: —¿Me estás pidiendo que te suspenda?
Ralf: —Si esa es la forma en que desea interpretarlo, es exactamente lo que le solicito.
Heidern: —Muy bien, pero con una condición. Si voy a suspenderte, debo suspender a todo el equipo. Si estás de acuerdo con eso, accederé a tu petición.
Ralf: —¿Está pidiendo que nuestra responsabilidad sea colectiva?
Heidern: —Eso es lo que digo. Te informaré del periodo de suspensión más adelante. Eso es todo.
Ralf: —¡Entendido, señor! ¡Muchas gracias, señor!
Ralf se retira tras hacer el saludo militar. Heidern, con calma, se reclina en su silla.
Heidern: —Ocultas tus intenciones a un superior y muestras una actitud insolente. ¿De verdad piensas que no entiendo lo que estás haciendo?
Heidern toma un sobre del cajón de su escritorio.
Heidern: —The King Of Fighters, mm...
Ralf se dirige a la sala de reuniones. Clark aparece al doblar la esquina.
Clark: —Entonces, ¿cómo te fue?
Ralf comienza a quitarse las vendas.
Ralf: —Mordió el anzuelo.
Clark: —¿En serio? ¿Pero crees que de verdad se lo tragó? ¿Qué vamos a lograr participando en el KOF durante nuestra suspensión?
Ralf: —Piénsalo como una rehabilitación.
Clark: —¿Rehabilitación? ¿De Leona? Ralf, ¿estás dispuesto a ir al torneo solo por ella?
Ralf: —No me malinterpretes. Si ella sigue de esta manera, me feeling... me sentiré un inútil. No pienso permitirlo. De ninguna manera.
Clark: —¿Eso es todo lo que te preocupa?
Ralf: —Sí, ¿y qué?
Clark no puede evitar sonreír.
Clark: —Oye, no tengo ningún problema con eso.
Sala de reuniones. Leona los espera. Poco después, ambos entran.
Ralf: —Ya se decidió nuestro castigo. Nos han suspendido a todos.
Leona: —¿De verdad?
Ralf: —Pero no nos quedaremos de brazos cruzados durante este tiempo. Nuestra «misión» durante la suspensión ya ha sido determinada.
Leona: —¿Qué vamos a hacer?
Clark: —Vamos a participar en The King Of Fighters.
Leona: —¿...?
Ralf: —No podemos permitirnos perder la forma. Clark, muéstrale los archivos.
Clark le entrega a Leona los archivos de la misión junto con la invitación al torneo.
Ralf: —Parece que todos los participantes ya han sido seleccionados. No figuramos en la lista, pero nos enviaron una invitación auténtica.
Leona observa el material. Su mirada se congela al fijarse en la fotografía de un chico desconocido.
Leona: —¿Quién es este muchacho?
Clark: —Oh, una cara nueva. Es joven, pero se ve que es un tipo duro. ¿Te resulta familiar?
El chico le trae recuerdos del campo de batalla.
Leona: —No en realidad.
Ralf: —No tenemos mucho tiempo antes de que comience el torneo. Debemos partir lo antes posible. ¿Alguna objeción?
Clark: —Entendido.
Ralf echa un vistazo a Leona, quien parece tener la mirada perdida.
Ralf: —Leona, ¿te encuentras bien?
Leona: —Entendido.
Leona responde como si nada le preocupara. Ralf intercambia miradas con Clark y ambos se encogen de hombros. Leona vuelve a perder la mirada en el vacío.
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