Prólogo de Atlus
Reiji Okami llega en la casa de Kyo Kusanagi con una invitación para el nuevo torneo KOF. Reiji, como representante del Chizuru Shigaku (colegio privado), le pide a Kyo que se una a él como su compañero de equipo para participar en la competencia y así poder investigar las causas que están interfiriendo con el sello de Orochi.
Nota: El texto original dentro de la página de Atlus ha colocado mal el apellido de Reiji, pues es Oogami y no Okami. La traducción anterior mantiene el error tal cual viene en la fuente original.
Historia de equipo oficial
Kyo Kusanagi echó un vistazo a la invitación que le acababan de lanzar, la devolvió de inmediato con el mismo desdén y clavó una mirada insolente en aquel hombre al que veía por primera vez.
"Pareces japonés... pero ¿quién demonios eres?".
"¿Siempre andas haciendo estas cosas?", respondió el hombre con otra pregunta, ignorando la de Kyo.
"¿Es necesario que el heredero del estilo Kusanagi de artes marciales antiguas, con una historia de 1800 años, se ande peleando a puñetazos en callejones mugrientos como este? No sé si lo llamas entrenamiento o qué, pero ¿no va siendo hora de que regreses a Japón?".
"Te he preguntado que quién eres", repitió Kyo mientras recogía los billetes esparcidos por el sombrío callejón.
Desde que llegó a Estados Unidos, Kyo se ganaba la vida principalmente con peleas callejeras. Si ganaba, tenía algo que comer ese día; si perdía, lo perdía todo. Esa vida llena de tensión y peligro constante (algo impensable en el Japón moderno) le había otorgado al joven genio una presencia intimidante. Probablemente, cualquiera que conociera bien a Kyo notaría que la mirada con la que acribillaba al desconocido era mucho más afilada que antes.
Sin embargo, el hombre se limitó a encogerse de hombros con aire burlón ante la mirada de Kyo y agitó la invitación que sostenía entre los dedos.
"La verdad es que quiero formar un equipo contigo".
"Eso no responde a mi pregunta. Te he preguntado quién eres. ¿O es que eres idiota?".
"¿No crees que es un poco excesivo hablarle así a alguien mayor que tú? Vaya, vaya, eres tal como me dijo Chizuru-chan".
"¿Chizuru? ¿Conoces a Kagura?".
Al oír el nombre de Chizuru Kagura, los ojos de Kyo se abrieron de par en por la sorpresa.
"Bueno, algo así. Voy a participar en KOF como representante de Chizuru-chan. Si te digo eso, ya te imaginarás de qué va el asunto, ¿no?".
"No me digas que... ¿Orochi ha vuelto a las andadas? ¡Pero si nosotros mismos lo sellamos!".
"Más que Orochi, es más bien como 'su cola'. En fin, Chizuru-chan no puede moverse porque tiene que vigilar el sello, y esta vez hay indicios de que incluso el conflicto interno de los Diez Tesoros Sagrados se verá involucrado, así que es mi turno de entrar en escena".
"¿Los Diez Tesoros Sagrados? ¿Qué es eso?".
"¿Eh? Oye, ¿lo dices en serio?".
Esta vez fue el hombre quien abrió los ojos con asombro.
"¿Me estás diciendo que el líder de los Kusanagi no conoce a los Diez Tesoros Sagrados?".
"Cállate. Lo que no sé, no lo sé. Si tienes alguna queja, dásela a mi viejo... aunque lleva tiempo desaparecido".
"A pesar de ser un favor para Chizuru-chan, ahora mismo estoy empezando a preocuparme".
El hombre suspiró exageradamente mirando al cielo, le dio una palmada en el hombro a Kyo y echó a caminar.
“Está bien, ya te lo explicaré con calma. Por ahora, vayamos a reunirnos con el tercer integrante".
"No decidas las cosas por tu cuenta. ¿El tercero?".
"Sí. Es otro de los Diez Tesoros Sagrados, igual que yo, y alguien a quien deberías conocer muy bien. Aunque parece que ella misma no es consciente de ello".
"Por cierto, todavía no me has dicho tu nombre".
"¿Yo?".
Al salir del callejón sombrío, el hombre se dio la vuelta hacia Kyo, se echó hacia atrás el cabello teñido de rubio y sonrió con picardía.
"Mi nombre es Reiji Ogami. Uno de los Diez Tesoros Sagrados, el poseedor del Hetsu no Kagami... aunque supongo que eso tampoco te dirá nada".
"¿Los Diez Tesoros Sagrados...?".
Con expresión de duda, Moe Habana le devolvió la pregunta a su abuelo.
"Umu (sí)".
En una terraza soleada que daba a un vasto jardín, el abuelo de Moe mecía suavemente su mecedora. En el rostro del anciano, que ya superaba los noventa años, estaban grabadas innumerables arrugas que narraban las penurias sufridas en los Estados Unidos tras el fin de la guerra; sin embargo, su expresión era sumamente apacible. Tras haber destacado en la adversidad y logrado el éxito en los negocios, el anciano había cedido todo a su hijo (el padre de Moe) y ahora vivía una vida tranquila alejado del mundo empresarial. Fue de este abuelo de quien Moe recibió sus primeras lecciones de artes marciales.
Esa misma mañana, el abuelo la había llamado diciendo que tenía algo de qué hablar con ella.
"¿Qué son esos Diez Tesoros Sagrados?".
"Los Diez Tesoros Sagrados son los clanes que protegen en la sombra a los Tres Tesoros Sagrados. Todo se remonta a la era de los mitos".
Tras este preámbulo, el anciano le habló a su nieta sobre Orochi, la existencia absoluta que representa la voluntad de la Tierra y sobre los portadores de los Tres Tesoros Sagrados que habían peleado en secreto contra su linaje. No obstante, la historia era tan extravagante que incluso Moe, con su mente abierta, no podía creerla de inmediato.
"Entonces, ¿nuestra familia es uno de esos grupos llamados Diez Tesoros Sagrados que apoyan a los portadores de los Tres Tesoros?".
"Efectivamente. Durante la Restauración Meiji, nuestra familia Habana cruzó a este país por ciertas circunstancias y desde entonces no hemos regresado a Japón ni una sola vez. Pero es un hecho irrefutable que esta casa es la encargada de la Yatsuka no Tsurugi, uno de los Diez Tesoros, y tú, como heredera, debes cargar con el destino de la familia Habana".
"¡Es-espera un momento! Siento que la conversación se está volviendo muy densa de repente. ¿Qué es eso del destino? Yo no...".
El abuelo interrumpió las palabras de la desconcertada Moe y continuó:
"Uno de los Tres Tesoros Sagrados, la Espada de Kusanagi, aquel que debe purificar a Orochi, es ese joven que tan bien conoces. Tu destino ya ha comenzado a moverse".
"¿La Espada de Kusanagi? ¿Eh? ¿Kusanagi? Dices que lo conozco bien. ¿Te refieres a Kyo?".
Moe soltó un grito de sorpresa involuntario y, en ese instante, sintió la presencia de alguien entrando en el amplio jardín de césped y se dio la vuelta.
Hacia donde se dirigía su mirada, se encontraba Kyo Kusanagi, quien la miraba con una expresión de igual asombro, junto a un hombre llamado Reiji Ogami, cuyo nombre Moe aún no conocía.
"Kyo…".
A diferencia de Moe, que murmuraba atónita, el anciano observaba a Kyo y al otro hombre con una sonrisa, como si hubiera sabido desde el principio que aparecerían.
• Redacción, traducción y diseño por EMIRU.
• Con información de Atlus, Gpara y KOF Universe.
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