“Entonces, Kagura… supongo que no puedo contar con que participes en el próximo torneo KOF, ¿eh?”
“No es tanto por mi condición física como que… bueno, ya no soy…”.
Chizuru Kagura, o mejor dicho, Chizuru Yasakani, bajó la mirada con abatimiento desde su cama de hospital.
La situación estaba muy por encima de la comprensión de Shingo, pero ahora que su “poder” como el Tercer Tesoro Sagrado había sido arrebatado por Ash Crimson, la joven ya no podía contarse entre las filas de Kusanagi y Yagami.
“La verdad es que lo único que ahora soy capaz de hacer es rezar. Y rezo para que Kusanagi y Yagami vuelvan a unir fuerzas para luchar una vez más…”.
“¡Eso está hecho!”.
Shingo lo afirmó con entusiasmo, aunque las intenciones de todas las partes implicadas estaban lejos de ser tan simples.
“Sin embargo…”.
“¡Yo, Shingo Yabuki, se los pediré personalmente! ¡Si me pongo de rodillas, Kusanagi, incluso Yagami, seguro que aceptarán encantados!”.
“…y por eso te lo ruego, ¡por favor participa este año en KOF junto a Yagami, Kyo! ¡Y hazlo con gusto!”.
“¿Qué demonios estás fumando, Shingo?”.
Tal como se esperaba, Kyo respondió con frialdad al Shingo postrado que se lo encontró por casualidad en la calle.
Sin dedicarle una segunda mirada, Kyo continuó su camino.
“¡Pero ya hiciste equipo con él antes, ¿no?!”.
“Eso fue porque Kagura me lo pidió. ¿Cómo iba a negarme? ¡Y ese payaso de Yagami nunca aceptaría desde el principio!”.
El torneo anterior Kyo, Iori y Chizuru Kagura participaron juntos.
Aquel equipo milagroso, casi mágico, fruto de la sutil relación de cientos de años entre los tres, hoy resulta difícil siquiera imaginar que pueda volver a formarse.
Para empezar, necesitarán un miembro más ahora que Kagura está fuera, pero ¿puede encontrarse un sustituto que satisfaga tanto a Kyo como a Iori?
“¡Si ese es el problema, puede que yo tenga una solución!”.
“¿Y ahora qué? Te escucho, solo escucho, así que suéltalo.”
“¡¿Qué tal yo?! ¡El único e irrepetible Shingo Yabuki!”.
El rostro de Shingo se iluminó con una sonrisa, pero no había en ella ni rastro de broma. Dicho sin rodeos, hablaba en serio.
“Uno de ustedes ya sobra. Y no pienso escuchar.”
El largo día de verano llega a su fin, cediendo paso a la luna menguante que se alza en el cielo del este.
Una noche húmeda. El viento se ha calmado, y dos hilos de humo que se elevan frente a una lápida ascienden rectos hacia el cielo.
Una sombra más se acerca al hombre que permanece frente a una tumba pequeña.
“¿Esa es tu idea de incienso, Iori?”.
“…”.
Una colilla encendida reposa de lado en el quemador de incienso al pie de la tumba. Otra arde entre los labios de Iori Yagami.
El humo de ambas asciende como dos hebras. Los dos permanecen a cada lado de la tumba, con el rostro inmóvil y mirando en direcciones opuestas.
“Me pregunto cuántos años se cumplen este año.”
“¿Desde cuándo haces preguntas cuya respuesta ya sabes?”.
Ambos hablan en un murmullo monótono. Sus habituales intercambios cortantes están ausentes.
La pequeña lápida actúa como un talismán que preserva la calma. A lo lejos se escucha el canto de las cigarras abandonando la tarde.
“Tu discípulo me ha estado fastidiando todos los días con su parloteo. Hazte cargo”.
“¿Se supone que debo responsabilizarme del comportamiento de un fan? Encárgate tú”.
“Como quieras”.
Yagami arroja al suelo la colilla consumida, saca otro cigarro y se lo coloca entre los labios.
Kyo, de pie cerca, extiende su encendedor, un objeto viejo y maltratado, con el recubrimiento descascarado y una inscripción grabada.
La tapa se abre con un chasquido, seguido del roce del pedernal y una llamarada.
Solo el brazo derecho de Kyo apunta hacia Yagami, mientras su cuerpo y su rostro siguen mirando al frente.
“¿De verdad necesitas cargar un encendedor?”.
“Fue un regalo”.
Yagami saca su propio encendedor del bolsillo y lo enciende, prendiendo el cigarro mientras protege la llama con la mano libre.
Kyo chasquea la lengua y cierra la tapa del suyo. El entorno se oscurece un poco más.
Yagami gira de lado y comienza a marcharse lentamente, deteniéndose unos pasos después.
“…”.
“¿Qué puedo hacer por ti, Yagami?”.
“Algún día arreglaré cuentas contigo. Morirás a manos mías”.
“…”.
“Pero antes de eso, hay otra cosa de la que debemos encargarnos”.
“Eso parece”.
El sonido de los pasos de Yagami vuelve a resonar en los oídos de Kyo. Poco a poco se desvanece hasta desaparecer.
Las luces del cementerio se encienden. El lugar donde Yagami estaba de pie queda marcado por un foco lúgubre.
Sobre la colilla que arrojó al suelo puede verse una mancha carmesí.
La primera ronda de KOF en su sede de Japón.
Shingo espera la llegada de Kyo e Iori frente a la puerta principal de un castillo designado como patrimonio de la humanidad.
Lejos de conseguir una promesa de ambos para participar en el torneo, fue ignorado y estuvo a punto de morir a manos de Iori en más de una ocasión.
Pese a negarse a desanimarse, sus súplicas, al final, no dieron resultado.
Shingo recuerda sus propias palabras de unas semanas atrás:
“Entonces no hay problema, porque de todos modos voy a inscribir sus nombres.
¡Asegúrense de presentarse! ¡Cuento con ustedes!”.
• Redacción, traducción y diseño por EMIRU.
• Con información de kofaniv.snkplaymore.co.jp y KOF Universe.
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