Ikari team | KOF 00

     Redacción, traducción y diseño por EMIRU.

     Con información de kofaniv.snkplaymore.co.jp y KOF Universe.

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La superficie quedó en ruinas. No se trata de reliquias del pasado: los escombros comienzan a brotar repentinamente de las entrañas de la tierra.

Emitiendo un crujido que evoca el llanto de un bebé, la estructura rechinó mientras se envolvía en una densa humareda.

El humo no se dispersa. Irrita las fosas nasales y la visibilidad es casi nula. Pero, poco a poco, los contornos se definen.

Doce segundos después...

Heidern mira fijamente la humareda que tiene delante. Una silueta está a su lado, como si intentara alcanzarlo.

Heidern mantiene la vista fija y llama al soldado que se aproxima:

—¿Eres tú, Ralf?

La silueta termina de cobrar la forma de Ralf.

—Mi informe de estado, señor.

Su voz suena firme, pero un rápido vistazo deja en evidencia que está profundamente afectado.

—¿Cómo van las cosas?

—Hemos recuperado todo. Clark y Leona sufrieron heridas superficiales, pero no es nada grave.

El intercambio dura exactamente veinte segundos.

—Eso se va a hinchar como un pez globo.

Ralf no comprende a qué se refiere.

—¿Qué?

—Puedo verlo.

Al seguir la trayectoria de la mirada de Heidern, Ralf finalmente se da cuenta de lo que está hablando. El humo desaparece.

Heidern no altera su expresión, pero una mueca de dolor tuerce el rostro de Ralf. Recuerda un amargo recuerdo.

La causa de su tormento se materializa ante sus ojos una vez más. Siguiendo el rastro del humo, un cráter colosal aparece.

Bajo sus pies hay una fosa inmensa, como si un objeto gigantesco hubiera caído del cielo y hubiese creado aquello en la tierra antes de detenerse por completo.

Más abajo se encontraba una enorme compuerta metálica que encajaba a la perfección con las dimensiones de la fosa.

Unas cuantas figuras estaban cerca de esa compuerta, como si realizaran algún tipo de labores de inspección.

—¿De qué se trata esto?

—Es la entrada.

Ralf señala exactamente la posición en que las figuras están realizando sus tareas.

Bajo la compuerta hay otro foso, y la mayor parte del personal se agrupa a su alrededor.

—El subsuelo se desmorona. Lo que nos protegía desde arriba era esa compuerta. Ese foso tenía la compuerta encima, así que la volamos para escapar.

—¡¿En qué condiciones se encuentra el complejo?!

—El impacto directo del proyectil causó estragos masivos en la base; colapsó por completo. Yo estaba totalmente centrado en la emergencia que estaba teniendo lugar justo después de que llegué aquí.

—¡Comandante!

Un miembro del equipo se aproxima a ellos y ambos giran hacia atrás.

—Tengo un informe, señor. Inspeccionamos la zona inferior de la compuerta, pero no hallamos supervivientes. Lo único que pudimos recuperar fue este disco de datos.

—¡Estupideces!

La ira estalla en Ralf de forma incontenible tras las palabras del soldado.

Ante la mirada atónita del miembro del equipo, Ralf le arrebata el disco de un manotazo, haciéndolo volar por los aires hasta impactar contra el suelo.

—¡Ni hablar! ¡¿Cómo que no hay supervivientes?! ¿Dónde están los cadáveres? ¡¿Acaso ves alguno por aquí?!

Ralf se planta a escasos centímetros del rostro del subordinado, zarandeándolo con violencia.

Una asfixiante sensación de presión atenaza el cuello del informante, y su vista parece nublarse por completo. Lo único que le queda claro, mientras su conciencia poco a poco desaparece, es la imponente voz de Heidern.

—Detente.

Mientras recoge el disco dañado del suelo, Heidern frena en seco a Ralf con una sola mirada.

—Escuchesmos los detalles. ¿No fueron capaces de encontrar algún sobreviviente? Quiero decir, ¿ningún cuerpo?

Ralf se da cuenta de su excesivo comportamiento cuando su superior pone fin a su arrebato. El miembro del equipo abre la boca a pesar de que parece estar a punto de colapsar.

—Lo... lo siento, señor. Me retracto de lo que dije. No hemos podido encontrar ningún sobreviviente. Pero hemos encontrado un cadáver.

—¡Qué...!

Ya que Ralf tiene planeado acceder una vez más al soldado, Heidern se pone entre ellos y el investigador continúa su interrogatorio.

—¿Hombre o mujer?

—Varón, señor.

—¿Alguna seña particular? ¿Pudieron verificar algo?

—¿Seña... particular?

Sorprendido por la inesperada pregunta, el soldado busca entre sus recuerdos e informes, parece no poder responderla.

El miembro del equipo consulta una libreta en la que tiene anotados los datos clave y reanuda el reporte, recuperando la compostura:

—Procedo a detallar lo que hemos confirmado hasta este momento. El cadáver corresponde a un varón, como ya mencioné. Presenta un traumatismo severo en una zona específica, pero el resto del cuerpo está prácticamente intacto. Por lo que se refiere a la ropa, portaba una gabardina equipada con armamento táctico integrado. Y esto… no sé si debo mencionar que… había algo desconcertante.

Heidern lo interrumpe de inmediato:

¿El rostro?

—Sí, señor. ¿Ya estaba al tanto, comandante?

—Buen trabajo, soldado. Continúe con sus labores.

Las palabras de Heidern sepultan la duda del subordinado; era evidente que el comandante había cortado el informe de manera deliberada. Un tanto desconcertado, el soldado regresa a su puesto mientras Heidern se vuelve hacia Ralf y le muestra el dispositivo.

—¿Te resulta familiar?

El disco en la mano de Heidern conserva grabado el código que Ralf reconoció al instante:

El número de serie: 1012-710.

La memoria de Ralf es tan clara como siempre. ¿De qué disco se trata?

Ralf, sin embargo, niega su impulso de pronunciar la respuesta.

Heidern no puede dejar de notar que la expresión en el rostro de Ralf claramente busca evadir la situación.

—Este debe ser el disco de Whip, ¿verdad?

No hay respuesta. Heidern toma esto como una afirmación.

—Procederé a inspeccionar la zona del desastre. Quiero que analices de inmediato el contenido de este disco. Whip pertenecía a la división de inteligencia táctica; tal vez logró descargar algo antes de... morir.

—¡¿Morir?!

Heidern se atrevió a decir lo que Ralf no era capaz de hacer. Heidern sostiene el disco frente a los ojos de Ralf a medida que se acerca, como si tratara de negar esta posibilidad.

—Es una orden.

Heidern le entrega el disco y empieza a retirarse, pero Ralf, en ese extraño momento, detiene a su superior con un hilo de voz suave.

—Señor… ¿puedo pedirle un favor?

Heidern no se vuelve a mirarlo. Ralf prosigue haciendo caso omiso de esa reacción.

—Quiero que me asigne a la investigación en el terreno.

Transcurre un instante. Como era de esperarse, no hay respuesta. Ralf aferra el brazo de Heidern antes de que este pueda alejarse.

—Se lo ruego.

La presión de su agarre aumenta. Su mano está cubierta de laceraciones y quemaduras. En ella se reflejan las extremas medidas que Ralf debió tomar para escapar de la base.

Heidern coloca su propia mano sobre la lesión de Ralf. Pero el gesto de Heidern no es de aprobación a la solicitud de Ralf; no, es todo lo contrario. El comandante aprieta la articulación herida con una fuerza descomunal, superior al agarre de Ralf.

Un crujido sordo resuena en el aire. Ante la inesperada agresión, un dolor atroz que Ralf jamás había experimentado recorre todo su brazo.

—¡Ah... uff...!

Heidern contempla a Ralf, quien ha caído de rodillas.

Por encima de ambos, los primeros rayos del sol comienzan a filtrarse a través de los espacios en las nubes de humo.

Ralf intenta buscar el rostro de Heidern, pero sus facciones quedan completamente ocultas a contraluz por la luz del sol detrás de él. Ralf no puede confirmar su expresión.

La creciente sombra de Heidern se proyecta más gélida que nunca y Heidern finalmente le responde.

—No puedo confiarle una misión de reconocimiento a un oficial que no se ha recuperado satisfactoriamente de sus heridas. ¡Analiza el disco!

—¡Usted no puede estar seguro! ¡¿Cómo sabe que está muerta?!

Sabe que su comportamiento es inútil, pero para Ralf era el único recurso desesperado que le queda.

Al igual que antes, no logra leer las facciones de Heidern.

Palabras frías e implacables brotan de aquella sombra:

—Exacto. Es por eso que digo que deberíamos dejar las cosas claras. Ese disco podría contener la respuesta a tus plegarias.

—¡...!

Ralf se queda de piedra al llegar a la conclusión de que Whip debe estar muerta.

Y Heidern, dándose cuenta de su propio realismo también, comienza a alejarse.

Ralf es incapaz de seguir adelante.

¿Cuánto tiempo estuvo allí?

Sin dar tiempo para la reflexión, Ralf se queda allí, arrodillado.

La luz del sol se ha vuelto más intensa, delimitando con total claridad los contornos del inmenso cráter que se extiende ante sus ojos.

Con su mano sostiene el disco.

El abismo parece abrir sus fauces frente a él.

Algo encaja dentro de Ralf.

—¡Maldita sea!

Ralf descarga un brutal puñetazo contra el suelo. Golpea con saña, una y otra vez.

La fuerza que brota de la ira por sí mismo se traslada a sus puños, que no muestra signos de disminuir. Su puño duele, como si estuviera a punto de destrozarse.

Junto con el dolor llega el momento de asumir lo peor sobre Whip.

Pero para Ralf, sin embargo, este no es el momento de racionalizar sus pensamientos.

Sin darse cuenta, sus puños cubiertos de sangre ya no son rojos, ahora están cubiertos por lodo.

—¡...!

En violento contraste con el ambiente tranquilo, el desgarrador alarido de Ralf desgarra la tranquilidad de la mañana para romper el silencio.




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