• Redacción, traducción y diseño por EMIRU.
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—Papá, no tenemos dinero.
—Estoy muy consciente de ello.
—Y se nos está acabando el arroz.
—¡Yo lo sé! ¡Sigue comiendo!
La familia se sienta alrededor de la mesa del comedor en el centro de la sala.
Encima de la mesa hay un solo plato con una ración de fideos de trigo.
Servirá como comida para los tres. Las corrientes de aire que soplan a través del dojo son frías.
—¡Vamos! Sólo una vez en mucho tiempo me gustaría un poco de huevo en nuestros fideos.
—No exijas tanto, Yuri. ¡Los huevos son sólo para el festival de los muertos y el año nuevo!
(Llantos y gemidos).
—Bueno, cuando terminemos debemos buscar discípulos. Yuri, debes ir a colocar estos promocionales en frente de la estación de tren.
(Llantos y gemidos).
—Eso me recuerda, el gas se ha cortado también. Ryo, irás a la montaña y cortarás un poco de leña.
(Llantos y gemidos).
—Papá, el agua se ha estado acabando también.
—Yuri, cuando termines el encargo, sube al río y haces el lavado.
(Llantos y gemidos).
—¡¿Y-Yuri?!
Yuri despierta. Estaba a punto de tomar un durazno grande que había llegado por el río.
Se encuentra en el dojo de karate Kyokugen. Un guapo caballero italiano está ahora mirándola a los ojos.
(Llantos y gemidos). Ah, Robert. ¿Estaba durmiendo?
—Igual que un bebé.
—Supongo que tengo un poco de sueño porque las cosas están muy tranquilas por aquí.
—¿Tranquilas? ¿Por qué? Esto... ahora que lo pienso, parecen tener un menor número de discípulos.
Se podía oír un alfiler caer en el dojo.
Por lo que podía recordar, el dojo era siempre un poco silencioso, pero ahora parecía más desierto que nunca.
—El entrenamiento de mi padre y de Ryo es demasiado duro.
—Lo sé, pero toman parte en KOF cada año y obtienen una gran cantidad de cobertura en televisión, de modo que siempre consiguen una gran afluencia de estudiantes en esos momentos.
—Y luego al siguiente mes el noventa por ciento de ellos abandona. El otro día vimos arrastrándose a nuestro primer nuevo discípulo en mucho tiempo, literalmente, justo al lado de la calle…
—¡¿Arrastrado justo al lado de la calle?!
—Simplemente desapareció, nunca regresó. Les hacen llevar sandalias de acero y los hacen correr diez millas; incluso un caballo se escaparía si es tratado de esa manera.
—Oye, Robert. ¿Cuándo llegaste?
Las dos mayores autoridades del karate Kyokugen, el dragón invencible y el poderoso tigre, Ryo Sakazaki y Robert García respectivamente, se encuentran cara a cara de nuevo. Junto con la somnolienta Yuri Sakazaki, es todo un espectáculo para la vista si tenemos en cuenta que ellos son los reconocidos expertos del estilo actualmente.
—Lo he oído todo, Ryo. Están rechazando a todos sus discípulos, ¿verdad?
—No es como si los rechazáramos realmente.
—¿No has considerado relajarte un poco? Para el público en general, los Sakazaki tienen capacidades físicas como si fueran superhumanos de otro universo, ¿sabes?
Tratando a esa familia como alienígenas de otro planeta, Robert intenta que aquel singular hombre use el sentido común.
—No hables de nosotros como si fuéramos una familia de marcianos. Papá es el único con una capacidad monstruosa. Nosotros somos chicos de aspecto puro y normal.
—Apoyo tu opinión.
—Bueno, voy a dejar las cosas así. Ahora, la razón por la que estoy aquí es que tengo algunas sugerencias que serán de utilidad para la gestión del dojo. ¿Qué dices de esto?
Robert saca una invitación del bolsillo interior de su chaleco.
Ryo y Yuri no se muestran sorprendidos. Naturalmente, las invitaciones ya les habían llegado.
—¿Lo entienden? Esta vez deben prever el uso de un poco más de relaciones públicas, ¿eh?
—¡¿Relaciones públicas?!
Robert aprovecha el momento para iniciar su plática.
—No se olviden de la sonrisa agradable en la entrevista. Elogien a sus oponentes derrotados con líneas concisas. Repitan las palabras «karate Kyokugen» y «dojo de los Sakazaki» en cada oportunidad. «El karate Kyokugen es su pueblo», «un gran Haoh Shokou Ken para todos los hogares», «un Kyokugen Reverse Fluttering Fang para la seguridad de su familia».
—Y sí, Ryo, vamos a colocar anuncios en la parte posterior de sus trajes de karate.
—¿El nombre de nuestro dojo?
—Eso es bueno, pero tendremos que encontrar patrocinadores, como una cadena de tiendas de conveniencia o una empresa de bebidas deportivas.
Yuri se queda en silencio, suspirando en su interior. Robert parece pensar que es un hombre de mundo, pero él es el heredero de la Fundación García. Desde que nació ha estado en posesión de la riqueza y podía desperdiciar el tiempo en su vida. ¿Cómo podría su pensamiento hacerle frente a la precaria situación que tenía enfrente?
—Esto... Un patrocinador. Eso podría ser bueno.
(¡Como si necesitáramos un tiro en la cabeza!).
El hermano mayor de Yuri, un desconocido en los caminos del mundo, cae fácilmente en la idea de Robert, y debido a esto, el dojo siempre estará en una situación desesperada.
—Oh… colocar anuncios en nuestras sagradas prendas de karate...
—Eso es correcto. En el mundo de hoy, todo el mundo tiene que vender algo… ¿eh, maestro?
—Parece que te ha estado yendo bien, Robert. Justo cuando pensaba que había pasado un largo tiempo desde que uno de mis discípulos favoritos se presentó por aquí, ¿estás de vuelta con una charla sobre el uso del Kyokugen como un medio para ganar dinero? ¡Ja, ja, ja!
De repente aparece, detrás de Robert, Takuma Sakazaki, que también estaba en el sueño de Yuri. El fabricante de fideos y el maestro luchador conocido por todos en South Town.
—N-No, no es eso por lo que estoy aquí. En realidad yo…
—Papá, Robert está preocupado por la gestión de nuestro dojo.
Para hacer frente a la ira de su padre, Yuri se asoma desde detrás de Robert, que apartaba su mirada de su maestro para ocultar su pánico.
—¡Aquel que se dedica a las artes marciales no debe preocuparse por tonterías como hacer dinero!
—Pero papá. Siempre estás quejándote acerca de las deudas, ¿y los fondos para nuestro dojo en México?
—¡Silencio, señorita! Si eso es lo que tienen que decir, ¡entonces voy a decir lo que pienso también! Se dice que el torneo KOF de este año tiene una impresionante alineación de concursantes, ¡pero ustedes no contarán conmigo!
—¡¿Eh?! ¿Un KOF sin ti, papá…?
—Quieres decir…
(«Je, je, je. Claro que son expertos, pero siguen siendo inmaduros. Una palabra de mi parte diciendo que no me uniré a ellos contra rivales formidables y se desmoronarían como galletas»).
—¡Sí! ¡Esta vez seré libre!
—¡Sí, genial!
—¿Qué...?
—Así es usted, maestro. ¡Realmente sabe cómo inspirar a sus discípulos!
—No, eso es… ¿está bien que no me una a ustedes? ¿Sólo ustedes tres contra enemigos tan temibles?
—Deja que todo dependa de nosotros, papá. ¡Vamos a mostrarle a todos de lo que es capaz Kyokugen!
—¿De verdad? Bueno, ¡que así sea!
Una semana después, la organización de gestión de KOF recibió la información de que Takuma Sakazaki no participaría en el torneo de ese año. Takuma amasa fideos de trigo para la celebración por la partida de sus discípulos.
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